En resumen
- Mientras que la mayoría de los puertos alpinos cierran durante el invierno, los Dolomitas permanecen abiertos.
- Stefan Bogner recorre las rutas accesibles con el Porsche 911 Dakar.
- Su veredicto: incluso en la temporada más fría, el 911 Dakar se siente seguro, cómodo y sorprendentemente ágil.
Gran parte de las rutas alpinas clásicas son intransitables en invierno. En esta época, la nieve profunda y las barreras definen el paisaje. Para muchos, eso significa medio año sin aventuras al volante. Pero no para Stefan Bogner, fundador de la revista Curves, quien a bordo de un 911 Dakar se puso en marcha para disfrutar de un recorrido lleno de curvas, delicias culinarias y tranquilidad invernal. Su destino: los Dolomitas.
El 911 Dakar en su hábitat
“Los Dolomitas son uno de los paisajes más bellos del mundo, y se vuelven especialmente mágicos en invierno”, afirma Bogner. “Para mí, es el lugar perfecto para salir, desconectar y disfrutar del simple placer de conducir”.
Su ruta le lleva desde Múnich, pasando por Vipiteno y el paso de Gardena, hasta Corvara. El sol está bajo, el cielo resplandece y las carreteras están prácticamente vacías. Un terreno ideal para el Dakar. “En modo todoterreno, el coche da la sensación de estar hecho precisamente para esto. Es capaz de ascender a 40 o 50 km/h con total facilidad, proporcionado un gran disfrute al volante”.
El plan previsto para la mañana siguiente es un recorrido circular por el paso de Falzarego, hacia Cortina, y luego hasta el paso de Giau, uno de los favoritos de Bogner. En la cima le reciben picos nevados, el silencio y el inconfundible aroma del espresso. Un momento que parece congelado en el tiempo, solo alterado por el leve sonido que emite el Dakar tras apagar el motor. “No hay nada mejor que esto, aunque ya tengo en el punto de mira el siguiente tramo de carretera”.
El fluir de los puertos de los Dolomitas
Lo que sigue es el rítmico paisaje de los Dolomitas: Pordoi, Sella, Gardena… Puerto tras puerto, curva tras curva. Con breves paradas para disfrutar de las vistas, hacer fotos y tomar un café, así como encuentros con aficionados y transeúntes que observan con interés el 911 Dakar. “He contado unos 300 pulgares hacia arriba: el Dakar hace sonreír a la gente”.
El único inconveniente es la inevitable sal de la carretera. “Pero si se prepara el coche adecuadamente y se lava a fondo después, realmente no supone ningún problema. La experiencia merece la pena”. Para Bogner, la alegría supera con creces todo lo demás. “Si pudiera hacer una petición a Porsche, sería esta: fabricar otra serie de este fantástico trotamundos”.