Viernes por la tarde en Zúrich, en plena llegada de la primavera boreal: hoy el público puede elegir entre tragedia y comedia. Lo trágico es representado arriba, en la ópera: Diálogos de Carmelitas, de Francis Poulenc, una tragedia en tres actos sobre la época de la revolución francesa. Como colofón a la velada, 16 monjas son guillotinadas en el escenario. 

Los visitantes también pueden optar por una opera buffa, es decir, una comedia: el monólogo que representa el agente Rico abajo, en el estacionamiento. En efecto, Rico Würfel es el vigilante. Y su puesto de trabajo subterráneo relata una historia fascinante.

911 Turbo S Cabriolet (991), estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Hora de registrar la llegada: Rico Würfel llega al trabajo en su 911 Turbo S Cabriolet.
Rico Würfel, 2022, Porsche AG
Cuando no está recorriendo su terreno subterráneo, pasa el tiempo en su cabina de vigilante.
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Cuando Würfel baja por la entrada en su 911 Turbo S Cabriolet blanco, el deportivo se incorpora perfectamente a la fila de vehículos que le confían los espectadores de la ópera. El vigilante no parece precisamente un hombre parco en palabras. Würfel es un talento comunicativo que alcanza su máxima expresión no solo al hablar de su 911. En cierto sentido, podría decirse que este es el escenario subterráneo de Rico Würfel. La escenografía no falta, desde luego, puesto que el Parkhaus Opéra es un lugar muy poco convencional. Por eso estamos aquí. Queremos saber qué ha sido de los secretos de más de 5000 años de antigüedad que en su día estaban enterrados aquí.

Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Ópera:cuando fue construido el estacionamiento también fue renovada la Sechseläutenplatz que lo cubre. Aquí, una vista del teatro de la ópera, inaugurado en 1891.

El estacionamiento más noble de la metrópoli suiza requirió nada menos que 13 años de planificación y construcción. Ahora está oculto en el subsuelo y solo la llamativa entrada despierta la curiosidad y anuncia un mensaje de finura arquitectónica. La particularidad radica en que el teatro de la ópera está en la punta norte del lago de Zúrich y el garaje subterráneo fue integrado directamente en el agua. La planta superior de la construcción de dos pisos se encuentra hasta dos metros y medio por debajo del nivel del agua. 

Un estacionamiento como una caja fuerte

En la ciudad, famosa en todo el mundo por las cajas fuertes de sus bancos, el estacionamiento también parece una especie de caja fuerte, vigilado por 66 cámaras las 24 horas del día. Aquí, bajo la Sechseläutenplatz, 288 vehículos encuentran provisionalmente un puerto seguro. Deportivos, sedanes y descapotables son dejados con confianza en manos del vigilante. Naturalmente, uno puede encogerse de hombros como Bettina Auge, portavoz de prensa de la ópera: “¿El estacionamiento? Parqueas allí el auto y sales pitando”. Pero para Würfel es mucho más que eso. A sus 52 años, lleva seis trabajando aquí, bajo tierra. Y, como veremos en unos momentos, consigue que el bonito edificio funcional bien iluminado sea un lugar mucho más amigable. 

No hay tiempo que perder, está pendiente la ronda de control con el colega del turno de la mañana. Würfel lo toma con calma. Por supuesto, el trabajo también tiene sus cosas no tan agradables: limpiar la planta superior, sacar los recibos atascados en la máquina... Y, sin embargo, es un trabajo con una amplia libertad y muchas circunstancias imprevisibles. “No sé lo que es el aburrimiento en mi vida”, dijo el vigilante, “nunca sabes lo que va a pasar. Por eso es tan atractivo”. Y, sin embargo, sí sabe mucho... Conoce muchas cosas de su público y las localidades, de la ópera, del Bernhard-Theater y del club musical Mascotte.

Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
La vida cotidiana en un estacionamiento: los asistentes a la ópera regresan a sus automóviles.
Rico Würfel, 911 Turbo S Cabriolet (991), estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Würfel junto al 911, su sexto Porsche.
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La tarde avanza, pronto sonará el gong y las monjas iniciarán su camino al cadalso. Los últimos rezagados llegan al estacionamiento a toda prisa. Würfel recorre su terreno vedado. Instalador de techos de profesión, lleva veinte años viviendo en Suiza. Creció en la antigua República Democrática Alemana, en la localidad de Fráncfort del Óder, cerca de la frontera polaca. Cuando cayó el muro de Berlín tenía 19 años. Sin embargo, Würfel se quedó. Por aquel entonces, soñaba con tener un Porsche y con un gran futuro aún por escribir. “Con 32 años me fui del país”, dijo. “Decidí sencillamente conducir hasta aquí con mi amigo Michael y me puse a buscar trabajo. Sin embargo, encontré mucho más”. Würfel se quedó, conoció a su actual mujer, adoptó a su hijo y encontró por fin el puesto en el estacionamiento. “Me gusta hablar, soy comunicativo”, dijo con una sonrisa de satisfacción. “Es justo lo que se necesita para este trabajo. Naturalmente, también hace falta un poco de suerte”. Tiene un trabajo a prueba de crisis e inclemencias del tiempo. Würfel, el instalador de techos, trabaja ahora bajo tierra. Cuando empieza su turno por la mañana, siempre espera con curiosidad descubrir qué tiempo hace arriba a mediodía. 

Un museo arqueológico en el estacionamiento

Al mismo tiempo, Würfel es también vigilante del museo. Nos acompañó al otro extremo del garaje, donde penetra en el lago, y dijo: “Aquí está el museo arqueológico integrado en el estacioinamiento”. Ahora vamos a conocer toda la historia de este lugar tan excepcional. Cuando en su día llegaron las excavadoras y empezaron a cavar la zanja del estacionamiento, sacaron a la luz numerosos artefactos de trascendencia internacional. En efecto, lo que encontraron aquí los arqueólogos fue datado en la Edad de Bronce, es decir, hace unos 5000 años. Inmediatamente fue decretada una interrupción de las obras durante nueve meses y un equipo de hasta 60 arqueólogos se dedicó día y noche a poner a buen recaudo los vestigios.

Los investigadores descubrieron pronto que este lugar donde hoy encuentran cobijo provisional los vehículos ya estaba habitado en torno al año 3234 a. C. Los restos de los asentamientos, óptimamente conservados en el lecho húmedo del lago, pertenecen a toda una serie de palafitos de la región de Zúrich. Un hallazgo sensacional que incluye la segunda puerta de madera conservada más antigua del mundo, unos 20 000 huesos de animales y herramientas prehistóricas como cazos, arcos o buriles. Actualmente, los antiguos asentamientos de la región son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Proyecciones de video del programa de ópera actual, Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Creando ambiente: en las paredes se reproducen proyecciones en vídeo de la ópera programada actualmente que preparan al público para la velada.

El parqueadero es ahora un lugar para descubrir, y en él se reúne la arquitectura moderna con la arqueología. Sobre la rampa de entrada, una escultura del artista suizo Gottfried Honegger da la bienvenida al público de la ópera, y las paredes insonorizadas de color azul noche emulan la forma de un telón. Sobre las paredes se proyectan instalaciones de música y vídeo que crean un ambiente teatral. Enfrente, en el lado del lago, los visitantes pueden visitar ahora la ‘ventana arqueológica’. En vitrinas de cristal hay expuestas reliquias con 5000 años de historia a sus espaldas. Tras pasar casi una eternidad en el suelo húmedo, ahora están pulcramente ordenadas: una red de pescador, una capa, sombreros, hojas de buril y artefactos de madera, hueso y cornamenta de ciervo. Son las posesiones de las personas que en su día vivieron aquí en un asentamiento de palafitos sobre el lago. En la actualidad los autos estacionan debajo, y entre una y otra imagen han transcurrido milenios. Es increíble cómo la historia se adentra muchas veces en el presente.

Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Ventana arqueológica: el estacionamiento invita a la gente a quedarse.
Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
En el área del museo hay expuestos artefactos del Neolítico y la Edad de Bronce.
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Aquí, en el Parkhaus Opéra, está casi al alcance de la mano. Würfel nos llevó luego a su ronda nocturna, cerró las puertas de acero y detrás se oyó el zumbido de la técnica y el murmullo de las tuberías de agua. En su cabina de vigilante, observó el monitor que reproduce la imagen de las cámaras. Una noche tranquila. Würfel miró por la ventana hacia el mar de autos. También él tiene su propia colección. “¡Pero contemporánea!”, exclama mientras mira hacia su 911 blanco. “Seis Porsche...”, dijo entre risas, “¡uno detrás de otro!”. El propio Würfel es consciente de que no muchos vigilantes conducen Porsche. “Durante mucho tiempo, el deportivo no fue más que un sueño de la infancia, pero logré prosperar en los negocios y hacer realidad mis sueños”.

911 Turbo S Cabriolet (991), 2022, Porsche AG
Noche de ópera: cuando el sol se oculta en Zúrich se ven imágenes como esta en la Sechseläutenplatz. El 911 blanco de Rico Würfel entra en el estacionamiento.
Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Extraordinary: the Archaeological Museum incorporated into the parking garage offers visitors interesting information about the archaeological digs.
Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Findings: the finds were spectacular for Swiss archaeologists. Artistic mock-ups like this only became possible with the findings from the digs.
911 Turbo S Cabriolet (991), 2022, Porsche AG
Childhood dream: Rico Würfel dreamed of owning a Porsche from an early age. He has since realized his dream six times.
Estacionamiento de la Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
Mysterious: in addition to the exhibits, there are information boards about the 5,000-year-old history.
911 Turbo S Cabriolet (991),
Final del turno: Rico Würfel deja su puesto de trabajo, seguramente el estacionamiento más espectacular de Suiza.
Ópera de Zúrich, 2022, Porsche AG
En pleno centro: la Sechseläutenplatz por la noche. La Ópera de Zúrich tiene una capacidad para 1100 personas.
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Arriba, en el escenario, la tragedia llegó a su dramático fin y estalló una ovación atronadora. Pronto se escucharon abajo los primeros motores cuando el público empezó a circular de regreso a casa. El turno de Rico Würfel también acabó. Su aplauso es el rugido de los motores de gran cilindrada. “Aquí he encontrado la felicidad”, dijo como despedida. Aquí, en Suiza, bajo la ópera. Entonces, las luces traseras de su 911 se perdieron en la noche de Zúrich.

Información

Artículo publicado en la edición número 403 de Christophorus, la revista para clientes de Porsche.

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