Una pasión que se transmite entre generaciones

En Centro Porsche Sofía está expuesta al público gran parte de la impresionante colección de Ivaylo Popivantchev, importador oficial de Porsche para Bulgaria y uno de los empresarios del sector del automóvil más exitosos de Europa del Este.

Estamos en el centro de Sofía, es primavera, y se va disipando la capa de nubes que lleva días sobre la ciudad. La capital está rodeada por tres cordilleras: Vitosha al oeste, Balcanes al norte y Rila al sur. Un panorama impresionante, a más de 2.000 metros de altura. "En media hora estaríamos en la zona de esquí", dice Ivaylo Popivantchev mientras sonríe pensativo. Más tarde sabremos por qué.

Porsche 356 B Coupé, colección privada de Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
Ivaylo Popivantchev ha restaurado el 356 B Coupé respetando fielmente el diseño original.

Es un hombre más bien reservado. Su apretón de manos es firme, pero no dominante. Tiene una voz clara, pero suave. A sus 62 años, es uno de los empresarios del sector del automóvil más exitosos de Europa del Este. Es importador de la marca Porsche para Bulgaria y coleccionista de vehículos históricos. Ha expuesto al público gran parte de su impresionante colección en Centro Porsche Sofía.

Por este concepto excepcional, Vitosha Sports Cars —llamada así por el macizo homónimo— recibió un galardón en los Classic Partner Awards 2024/2025 en la categoría "Best Point of Experience – Showroom Setup". Este premio es codiciado entre los Classic Partners certificados, es decir, los centros de servicio Porsche especializados en el cuidado, el mantenimiento y la restauración de vehículos históricos. Ahora, por primera vez, ha recaído en Europa del Este. "Un honor especial", afirma Popivantchev. "Significa mucho para mí".

Exposición de la colección privada de Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
Ivaylo Popivantchev en su sala de exposición, a las afueras de Sofía.

Para el recorrido por Sofía, elige un modelo especial, un 911 Carrera Cabriolet Turbolook (964) de 1993. "El vehículo ideal para el día a día", dice mientras cede el paso a un tranvía que hace sonar el timbre. "De porte deportivo sin concesiones, pero también cómodo". Casi todos los detalles están exactamente en el estado en que se entregó el coche en su día. Cada pieza de cuero, cada tornillo del motor, cada componente debe ser auténtico para que "un coche antiguo sea realmente un clásico", afirma Popivantchev. Entonces se da cuenta de que la mirada de su copiloto se ha quedado clavada en la consola central. Allí, el teléfono móvil va sujeto en un soporte que en 1993 seguro que no estaba. "Una pequeña dosis de presente", dice riendo. "Uso el coche todo el año como vehículo de diario. Todo un reto. Por eso me he permitido añadir algunas cosas: un hardtop para el invierno, faros más modernos, un sistema de audio de Porsche Classic y llantas Speedline".

Porsche 356 B Coupé, colección privada de Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
También en el interior, el 356 de 1963 vuelve a brillar como cuando se entregó por primera vez.

Popivantchev detiene el coche a un lado de la carretera y señala un edificio alargado. Es el mercado cubierto más antiguo de Bulgaria, construido hace unos 120 años en estilo neorrenacentista, con techo de cristal y una estructura metálica verde procedente de la fundición de Gustave Eiffel, el constructor de la torre Eiffel de París. "Está perfectamente restaurado", opina el experto, que evidentemente siente una especial debilidad por las cosas antiguas que brillan con nuevo esplendor.

El recorrido por Sofía es también un viaje al pasado personal de Ivaylo Popivantchev. Al pasar, señala una calle lateral donde solía jugar al fútbol. Más arriba, vivía su abuela; y allá atrás, en el horizonte, aprendió a esquiar. De hecho, tras acabar sus estudios de economía, incluso trabajó como monitor de esquí. Por aquel entonces, apenas había pistas acondicionadas y, a día de hoy, lo que más le sigue gustando es esquiar fuera de pista con sus hijos, de 19 y 23 años, también apasionados del freeride en nieve profunda. Lo define como "la gran libertad", el "placer del movimiento", una "sensación de dinamismo, de fuerzas físicas". Son palabras de un deportista entusiasta. De un freerider y un apasionado de Porsche.

Señala un edificio de oficinas y explica que allí su padre tenía antiguamente su relojería. La voz de Popivantchev se suaviza. Allí, el joven Ivaylo, al salir del colegio, ajustaba con instrumentos de precisión minúsculos tornillos, resortes y ruedecillas hasta que todo volvía a encajar. Su pasión por manejar mecanismos complejos no es casual.

Porsche 911 Carrera Cabriolet Turbolook (964), colección privada de Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
El 911 Carrera Cabriolet Turbolook (964) con techo rígido frente a la catedral de Alexander Nevski.

De camino al Centro Porsche está el monumento más famoso de Sofía, la catedral de Alejandro Nevski, una de las iglesias ortodoxas más grandes del mundo. Popivantchev aparca y se dirige a la entrada. Tras un breve momento de recogimiento, volvemos al coche. El 911, con su pintura original verde Wimbledon metalizado, ante la catedral de tejados de cobre con pátina verde: un dúo perfecto.

Llegamos a las instalaciones de Porsche, a las afueras de la ciudad. La mayoría de los ejemplares de la exposición son de la colección privada de Popivantchev, que ya reúne más de cien vehículos. En la gran sala, junto a los modelos más recientes, hay otros pertenecientes a diferentes épocas de la historia de Porsche, restaurados con esmero. Justo a la derecha de la entrada se ve un 356 1500 Cabriolet de 1953 pintado de blanco. A continuación, uno de los primeros 911 Targa, de 1966, y no muy lejos, un 911 Carrera 2.7 Targa (serie G), de 1974. La lista podría seguir, pero Popivantchev tiene preparada otra sorpresa para nosotros: la visita a su garaje privado.

Poco después, nos encontramos frente a su casa, cuyo garaje se construyó en la ladera de enfrente. "Ali Baba's Cave", reza un cartel en el exterior. Dentro huele a gasolina y aceite, a cuero y metal. Popivantchev relata cómo pasó de la universidad a la estación de esquí y cómo, tras el colapso de la Unión Soviética, empezó a importar coches estadounidenses; pero descubrió su pasión por Porsche tras comprar un 356 A Coupé y un 911 2.4 Targa (modelo original). Cuenta cómo su empresa fue creciendo hasta que, hace tres años, se convirtió en el importador oficial de Porsche para Bulgaria.

Colección privada de Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
La colección abarca modelos de todas las épocas de Porsche.

Lleva a su visitante hasta el 356 B Coupé de 1963, el año en que él mismo nació. Le compró el coche a un coleccionista de Texas y lo restauró con fidelidad al original; ahora vuelve a lucir el azul Bali. Antes estaba pintado de rojo. "Un trabajo impecable, pero no con la pintura original". Esa autenticidad es su credo a la hora de tratar los clásicos. ¿El colector de escape del motor está bien conservado, pero no es del año que corresponde? Se sustituye. ¿El cuero de los asientos no es el que traía el coche de fábrica? Se cambia. Para ello, Popivantchev dispone de talleres propios en el Centro Porsche: carpintería, pintura, tapicería, chapistería y mecánica. Los empleados se forman aquí mismo, ya que en Bulgaria escasean los conocimientos de automoción, en especial sobre Porsche.

Ivaylo, Mateo y Rodin Popivantchev (i-d), exposición colección privada Ivaylo Popivantchev, 2026, Porsche AG
El importador búlgaro de Porsche comparte con sus hijos, Rodin y Mateo, dos pasiones dinámicas: los coches deportivos y el freeride, es decir, el esquí en terrenos sin acondicionar. La visita a Sofía se convierte en un encuentro entre generaciones y un viaje en el tiempo a través de la historia de la marca.

Popivantchev coge su ordenador portátil y abre un vídeo: una pendiente cubierta de nieve profunda y tres personas esquiando. El primero se lanza montaña abajo en un descenso vertiginoso, salva un saliente, da un salto mortal y aterriza. Freeride en su máxima expresión. "Mi hijo Mateo", dice Popivantchev. El segundo arranca, salto mortal y aterrizaje perfecto. "Rodin", dice el padre con orgullo. Cuando por fin sale el tercero, trazando también una línea recta, cierra el portátil. "Ah, ese solo soy yo", dice. ¿Acabará el descenso con salto mortal o sin él? Ivaylo Popivantchev se limita a esbozar una sonrisa.

Información

Artículo publicado en el número 419 de Christophorus, la revista para clientes de Porsche.

Texto: Philip Wesselhöft
Images: Petar Draganov

Copyright: las imágenes y el sonido aquí publicados tienen copyright de Dr. Ing. h.c. F. Porsche AG, Alemania, u otras personas. No se debe reproducir total o parcialmente sin autorización escrita de Dr. Ing. h.c. F. Porsche AG. Por favor, contacte con newsroom@porsche.com para más información.

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