En 1979, una rueda de prensa de Yoko Ono pasó a la historia del diseño, y lo hizo por un pequeño pero importante accesorio: las P’8479. Desde entonces, ya casi nunca se volvió a ver a la artista, y en su día pareja de John Lennon, sin esas gafas de sol en casi ninguna de sus apariciones públicas. Se convirtieron en su símbolo de marca.

Las P’8479 son solo uno de los muchos iconos que ha creado Porsche Design en los últimos 50 años desde su fundación, en 1972, por Ferdinand Alexander Porsche —conocido como F. A.— y su hermano Hans-Peter. El talentoso diseñador estaba considerado como un visionario con los pies en la tierra. Evitaba las florituras y al principio persiguió en sus diseños la funcionalidad, buscó innovaciones en la tecnología o en los materiales utilizados y se declaró defensor del purismo con una inquebrantable exigencia en cuanto a calidad. Sus obras han influido hasta la actualidad sobre el trabajo de Porsche Design, pero no porque especificara un lenguaje formal concreto, sino porque definió un enfoque. De este modo, siempre se intenta encontrar el próximo clásico, el diseño antemporal necesario para reinventar los productos, como el caso de las gafas exclusivas con su mecanismo de intercambio de cristales. Su forma se ha mantenido intacta durante más de cuatro décadas y se han vendido alrededor de once millones de gafas en todo el mundo.

Esta historia de éxito comenzó ya en la propia infancia del diseñador, fallecido en 2012. En efecto, su filosofía se basó en circunstancias totalmente prácticas. En una ocasión, describió sus primeros pasos en una entrevista: "En los años posteriores a 1949 era casi imposible comprar un juguete. Por tanto, no nos quedaba otra que inventar y construir nosotros mismos algo con qué jugar". Es decir, ya por entonces lo prioritario era la funcionalidad de las cosas. También su hermano Hans-Peter recordaba a F. A. por su espíritu pragmático: "Una Semana Santa, nuestra madre nos dio una cesta llena de huevos que teníamos que pintar", relató en una ocasión. "Entonces, F. A. construyó con el mecano una máquina con un soporte giratorio donde podíamos enganchar los huevos".

A esto se unieron las incontables horas en la antigua oficina de diseño y desarrollo de Porsche en Zuffenhausen, que marcaron al joven F. A. Como diría más tarde él mismo, aquel lugar se le quedó grabado en el recuerdo como su patio de juegos. «Absorbía como una esponja todo lo que veía y oía; me sentía feliz y orgulloso de formar parte de aquello». Pronto llegarían las primeras tentativas juveniles en el ámbito del diseño profesional. Ferdinand Alexander entró en la empresa en 1958, y cuatro años más tarde se hizo cargo del recién fundado departamento de diseño. Poco después, creó con el 911 la inconfundible línea de uno de los deportivos más exitosos de todos los tiempos. 

 

"En la década de 1950 no nos quedaba otra que inventar y construir nuestros propios juguetes" Ferdinand Alexander Porsche

Por fin, con la creación de Porsche Design, Ferdinand Alexander Porsche amplió su campo de trabajo, hasta el momento centrado en el mundo del automóvil, para abarcar el diseño industrial y de productos. Aún así, el deportivo 911 siguió siendo el punto de referencia. Si el cuero para un reloj de pulsera se toma del equipamiento interior de los vehículos, el rotor de un reloj automático imita las formas de una llanta o las cajas se configuran con los colores originales de la pintura de un coche. El origen es inconfundible. 

La filosofía de diseño de F. A. estaba marcada por una precisión pragmática. Para que un producto fuera armonioso en lo formal, en su opinión no hacía falta "ningún adorno". Esta convicción también se refleja en el primer producto de su empresa, que se convertiría directamente en un objeto de diseño con vocación de eternidad: el Chronograph I. El primer reloj del mundo completamente negro marcó una tendencia que influiría después sobre generaciones enteras de relojes. 

Así se abrió un nuevo capítulo para el fundador de la agencia de diseño, que tomó la decisión de crear la empresa una vez que todos los miembros de la familia se retiraron de la primera línea del negocio de fabricación de vehículos deportivos. F. A. creó primero accesorios clásicos como relojes, gafas y plumas estilográficas. Hoy, la cartera de productos se ha ampliado mucho y abarca desde cepillos de dientes, perfumes y tostadoras hasta hervidores de agua, ordenadores y moda, pasando por el diseño de edificios enteros, como es el caso de la Porsche Design Tower de Miami. Además de la funcionalidad, Ferdinand Alexander Porsche siempre buscaba referencias en materiales especiales. Así, Porsche Design lanzó al mercado, en 1980, el primer cronómetro de titanio. Hasta entonces, ese metal noble solo se conocía en el ámbito de la aeronáutica. Ferdinand Alexander Porsche vio en él la traducción material de su propia aspiración funcional. Puede verse también en el bolígrafo denominado «TecFlex» o sencillamente P’3310. Con un trenzado de acero inoxidable, el utensilio de escritura deja a un lado su faceta cotidiana para convertirse en otro clásico.

En la actualidad, cada uno de estos iconos forma parte del legado de F. A. Porsche, puesto que su carácter define un estilo y los preceptos formulados por él forman parte de la identidad de marca. En consecuencia, las creaciones deben ser "honestas y sin concesiones", "innovadoras y conceptuales", "lujosas y puristas", "intemporales y de alta calidad". Unos principios que no han perdido un ápice de validez hasta hoy y que caracterizan la creación de cualquier producto de Porsche Design. Además, estas pautas también son consecuencia de la emblemática sencillez de F. A. Porsche, que en una ocasión describió de esta manera la mentalidad básica de su filosofía de diseño: "Si se reflexiona sobre la función de una cosa, muchas veces la forma surge por sí sola".

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